Como lo menciona José M. Esteve ¨La enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos.¨, este fragmento me hace reflexionar sobre el amor a la docencia que siento en estos momentos, ya que no me imagino en otro lugar que nos sea en un salón de clases, transmitiendo conocimientos a mis alumnos ¿y por qué no? también he aprendido mucho de ellos.
Con honestidad digo que enseñar es lo más gratificante que he tenido en mi vida. Todavía me acuerdo cuando me decidí a hacer el examen de oposición para entrar al sistema donde actualmente trabajo. Fue en Agosto del 2005 cuando me acompañó el que hoy es mi esposo e hicimos juntos el examen y después cuando nos hablaron para presentarnos al día siguiente me sentí muy emocionada y nerviosa a la vez. No había preparado clases y llegando al plantel la directora me dió la bienvenida, me presentó a los maestros y personal administrativo y de inmediato entré al aula a impartir clases. Me acuerdo de los primeros grupos a los que les impartí clases y de cómo me sudaban las manos y de cómo hacia mi papel de profesora cuando en el fondo me daba miedo porque aun no tenía la confianza y la experiencia que hoy tengo. Para los que leyeron mi perfil se darán cuenta de que estudié primeramente la carrera de Lic. En Administración pero sentía que no era lo mío, si era interesante trabajar en empresas, ser eficiente, etc., pero desde niña siempre tuve esa inquietud de ser maestra, por lo que me decidí estudiar la Lic. En Educación los sábados y la verdad no me arrepiento.
En ocasiones me enoja la actitud de los compañeros maestros y no llegar a acuerdos para la mejora del alumno pero también he tenido situaciones gratificantes como docente como son: lograr que los estudiantes aprendan y lo apliquen a su vida cotidiana, cuando terminan el bachillerato y siguen con una carrera profesional y con las muestras de cariño desinteresadas por parte de ellos, la verdad no tiene precio.
Debo mencionar que desde que inicié en la docencia en el sistema Cecytes en modalidad Emsad, siempre he estado en el mismo plantel desde hace casi 6 años y actualmente estoy impartiendo las materias de Taller de Lectura y Redacción y Literatura y les hago saber a los alumnos que son importantes estas asignaturas porque: incrementan su visión de la vida así como su vocabulario, son parte integral del conocimiento básico que deben tener, son una base para estudios profesionales y les ayuda a entender el mundo actual ya que se pueden aplicar a la vida cotidiana porque en broma les comento que siempre hay que comprender lo que leen porque cuando se casen tendrán que leer las letras chiquitas antes de firmar.
Soy muy creyente de la idea de que el destino jugó un papel importante en mi, ya que siempre he pensado que las cosas suceden por alguna razón y por algo estoy en la docencia.
Considero que mi función como docente es: transmitir conocimientos y que exista retroalimentación, formar alumnos acordes a los nuevos requerimientos que la sociedad exige, concientizar en la práctica de los valores, motivar a que sigan adelante en sus estudios profesionales, enseñarles a que sean buenos ciudadanos y tratar de ser un modelo a seguir, ya que hay que predicar siempre con el ejemplo.
La forma de construir y fortalecer la profesión docente se da a partir del dominio del campo de conocimiento y se va aprendiendo y desaprendiendo en la práctica de la docencia. El buen profesor debe saber los límites de su ignorancia a través de la reflexión sobre sus prácticas. No lo sabe todo. Será preciso un baño de humildad, un despojo de actitudes y posiciones rígidas e ideologizadas para que pueda estar abierto a nuevos aprendizajes que muchas veces vienen de los mismos alumnos.
Por último deseo agregar que la mayoría de los compañeros coincidimos en que la función actual del docente debe dejar de ser como aquella tradicional en la que el respeto y la admiración se ganaban por la cantidad de poder que el profesor tenía sobre un grupo; debe ser la de un aprendiz constante de sus propios errores y un practicante aún más aguerrido de sus aciertos. De invitar a otros e invitarse a él mismo a que cada día potencialice sus cualidades y corrijan sus defectos, esto quizá debe empezar no como docente sino como ser humano para después poder enfrentarse al rol docente que se toma diariamente. El profesor debe ser una persona que tenga la vocación de enseñar y no sea egoísta, para así poder dedicarse por completo a los otros y dejar que le extraigan hasta la última gota de conocimiento (experiencias profesionales y personales), ser accesible a esos llamados de aprendizaje en ambas direcciones. La labor del maestro debe ser engrandecida, siempre y cuando nosotros nos engrandezcamos ante los ojos de una sociedad que necesita de alguien que los guíe para aprender de la vida y que los escuche cuando tropiecen; de que las instituciones también se humanicen y vean la mancuerna docente – alumno.
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